Aquí tienen ustedes nueva información, que debemos añadir a la que ya conocíamos, y que nos ayudará a hacernos una idea de por qué la ciudadanía nunca tiene que confiar ciegamente en las instituciones. De las de ningún tipo.
"Una semana antes de que se comunicara públicamente la sentencia, Gómez Bermúdez le transmitió confidencialmente a un magistrado tres conclusiones de la misma: 1. No se establecería la autoría intelectual del atentado, en contra de lo que sostenía la Fiscalía. 2. Habría deducciones de testimonio para algunos mandos de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado. 3. El minero Suárez Trashorras no sería condenado como responsable de los atentados, sino sólo por tráfico de explosivos".
Sin embargo, sólo uno de esos puntos, el de los autores intelectuales, sobrevivió a las intensas jornadas que precedieron a la presentación pública de la sentencia. Las otras dos no se cumplieron. Hubo sentencia y no hubo nada. Emilio Suárez Trashorras y su explosivo asturiano se llevaron 40.000 años de prisión y ningún mando policial encontró su nombre en el fallo.Entonces, ¿qué pasó? García Abadillo ofrece dos explicaciones: la malévola y la probable.
Lástima que ahora sepamos que la vida de estas investigaciones, en realidad, no era vida propia sino asistida. Asistida, para nuestra desgracia, por nuestros propios servidores públicos (y también privados). En realidad, el 11-M, se trató de un grandísimo complot perpetrado por miembros de los cuatro poderes del Estado: el ejecutivo, el lesgistativo, el judicial... y el de los medios de comunicación, que mayoritariamente decidieron apoyar la versión de la oposición, contra el gobierno de la derecha que apuntaba a perpetuarse en el poder casi tanto como el anterior de González. Aunque ahora con razón porque las cosas, tras muchos años de tirones y trompicones, empezaban a funcionar en España.
Como el Pp, el último gran desertor en la tragedia. Qué vergüenza, que callen aún más que los que cometieron los crímenes (y los que colaboraron en su ocultamiento). Sin olvidar que el Pp, vía Gallardón, sentó a Federico en el banquillo por atreverse a denunciar el silencio traidor y cobarde del alcalde en relación a los atentados de la capital. Es más, logró que lo condenaran. También ha logrado (por añadidura) que lo echen de la COPE (resultaba muy molesto). Y a este paso, el Pp, incluso logrará perder las próximas elecciones del 2012. Con Rajoy al mando, da la impresión de ser pan comido.
Porque Mariano Rajoy, si no desaparece pronto de la escena pública, acabará siendo recordado como el dirigente del Pp con mayor afición a la derrota... y a la corrupción. El caso Gürtel no ha hecho más que empezar, y promete muchas entregas aún. Lo de Camps no es más que una inocentada comparado con lo de Bárcenas.
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