Capablancka, J.T.
Algunos hablan de la incorporación de la mujer a la política como un gran avance de nuestra sociedad. Grandísimo avance. Para mí, en cambio, la aparición de la mujer en la política no ha supuesto más que el desprestigio máximo de la profesión.
Sí, sí. Será una opinión muy machista y sin fundamentos, y todo lo que ustedes quieran... pero díganme el nombre de una sola mujer que esté a la altura de las circunstancias hoy en día en política (y que no sea Esperanza). Y tras los últimos acontecimientos, puede que ni ella se salve ya. Trinidad Jiménez, recién ministra de Sanidad y Asuntos Sociales, recibió muchos elogios por su gestión al frente del ministerio en la gripe mejicana (no sé porqué, la gripe todavía no es problema en España y puede que no lo sea nunca), aunque ayer mostró al gran público su primera iniciativa ministerial. Gracias a la cual, empezamos a conocer mejor de todas sus capacidades y dotes.
Las mujeres están demostrando ser capaces de lo peor, al menos, las "miembras" de nuestro Gobierno. Y que en política es algo tan simple como aprobar leyes sin discusión con las demás formaciones políticas y sin debate previo entre la sociedad, además de contra el ordenamiento jurídico vigente.
La mujer, por regla general, cuando es elegida (a dedo, claro) para ocupar un cargo, está tan poco convencida de que lo ha sido por merecimiento, que hará cualquier cosa para contentar la voluntad de su superior. Y así es como nos encontramos con esperpentos como el de ayer, en que el sector femenino del Gobierno (no en bloque, sino una avanzadilla) nos adelanta que habrá píldora "del día después" para todas aquellas personas que lo soliciten; sin necesidad de receta médica, de ser mayor de edad o tener el consentimiento de los padres. Y digo todas las personas, porque si excluyen a los hombres, nos encontraríamos -además- con el agravante discriminatorio. (¿O no?)
Es decir, que una niña de seis años podrá dirigirse al farmacéutico y pedirle un par de estas píldoras (se venden juntas, y la segunda debe tomarse doce horas después de la primera)... y ni el farmacéutico, ni su padre, junto con el alcalde y la Guardia Civil, podrán hacer nada por impedir que se las tome. Incluso en público. Por si no lo sabían, el consumo de drogas en público es un hecho penado por nuestra legislación.
La mujer, por regla general, cuando es elegida (a dedo, claro) para ocupar un cargo, está tan poco convencida de que lo ha sido por merecimiento, que hará cualquier cosa para contentar la voluntad de su superior. Y así es como nos encontramos con esperpentos como el de ayer, en que el sector femenino del Gobierno (no en bloque, sino una avanzadilla) nos adelanta que habrá píldora "del día después" para todas aquellas personas que lo soliciten; sin necesidad de receta médica, de ser mayor de edad o tener el consentimiento de los padres. Y digo todas las personas, porque si excluyen a los hombres, nos encontraríamos -además- con el agravante discriminatorio. (¿O no?)
Es decir, que una niña de seis años podrá dirigirse al farmacéutico y pedirle un par de estas píldoras (se venden juntas, y la segunda debe tomarse doce horas después de la primera)... y ni el farmacéutico, ni su padre, junto con el alcalde y la Guardia Civil, podrán hacer nada por impedir que se las tome. Incluso en público. Por si no lo sabían, el consumo de drogas en público es un hecho penado por nuestra legislación.
Y éstas son las contradicciones de la progresía trasnochada española (representada en grado máximo por el rojerío progre-feminista): un joven de 17 años no puede fumarse un cigarrillo o entrar en un bar a tomarse una cerveza, pero una niña diez años menor que él podrá tomarse una bomba hormonal que, debido a su potencia, le haría desalojar todo el interior de sus entrañas (en caso de que éstas contuvieran algo) antes de que conseguir comprender -siquiera- lo que está ocurriendo dentro de su organismo...
Los medicamentos hormonales son drogas, señores. Y la "píldora del día después" no es más que una dosis de derivados de la testosterona, o sea, de esteroides anabólicos (el suministro de dosis elevadas de hormonas masculinas tienen esos efectos en las mujeres embarazadas). Pero los menores en España tienen prohibida la compra y consumo de estas sustancias, al menos, sin prescripción médica. Quizás las ministras desconocen estos detalles, pero lo cierto es que así son.
Los medicamentos hormonales son drogas, señores. Y la "píldora del día después" no es más que una dosis de derivados de la testosterona, o sea, de esteroides anabólicos (el suministro de dosis elevadas de hormonas masculinas tienen esos efectos en las mujeres embarazadas). Pero los menores en España tienen prohibida la compra y consumo de estas sustancias, al menos, sin prescripción médica. Quizás las ministras desconocen estos detalles, pero lo cierto es que así son.
¿Y si la juventud e infancia (y en la mayoría de ocasiones también los adultos) tienen prohibida la compra de drogas, como se puede concebir que esta panda de irresponsables pretendan distribuir libremente las pastillitas del aborto entre todas las niñas que así lo deseen?

Pues porque son tan sectarias (los ángeles de ZP) que ni tan siquiera comprenden que el aborto (aún) es delito en España, y lo proclaman como un derecho más de todos los que asisten a los españoles (perdón, españolas). Y no hay ningún fiscal que inicie actuaciones contra ellas, ningún policía que las detenga y las lleve ante un juez (por apología del delito). Sí, sé que quizás no se trate más que de la enésima cortina de humo (hoy tenemos gran debate televisado -y leído-: sobre el estado de la Nación; y nos enteramos de la segunda parte de la "farsa del 11-M). En los socialistas cualquier cosa es esperable (y en las socialistas más), pero si en esta ocasión sólo estamos ante una maniobra de despiste... la señoras ministras se han descalificado para los restos.
Y aunque así no fuese, la descalificación perdería más bien poco.
:_(((
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