Capablancka, J.T.
En nuestra vida diaria hay situaciones que no entendemos muy bien por qué ocurren. Situaciones que, en ocasiones, se ven rápidamente agravadas por la impericia de algunos de los implicados. La que nos ocupa, afectó a Dalilah Mimouni, y de tal forma, que acabó con su vida en poco más dos semanas (y veremos si también lo hace con la de su hijo).
Dalilah, en principio, parece que contrayó la gripe A. Y por eso acudió al hospital Gregorio Marañon. Allí no le diagnosticaron nada, por lo que la enviaron a su casa. Cuatro días después, Dalilah tuvo que visitar el hospital de Fuenlabrada porque su estado de salud volvió a empeorar, pero tras presentar una ligera mejora fue dada de alta sin que nadie -en aquellos momentos- llegara a pensar siquiera en la gripe... Posteriormente volvió a visitar el Gregorio Marañón y se decidió hacerle unas radiografías, detectándole una neumonía. Aquí tienen el relato de los hechos.
Ahora se sabe que lo que acabó con la vida de Dalilah fue la gripe A. Y los centros médicos citados fueron incapaces de detectarla a tiempo. ¿Cómo puede ser posible, que en plena epidemia de gripe, a ninguna lumbrera médica se le ocurriera, ante unos síntomas algo confusos, practicarle un frotis de garganta y nariz a Dalilah?
Sin embargo, las autoridades políticas ya han tomado partido a favor de la actuación médica sin haberla esclarecido siquiera (y además, aderezándola de inexactitudes exculpatorias). Recurren a una serie de excusas (que presentan como prácticamente incuestionables) pero lo cierto es que Dalilah ya no está entre nosotros gracias a una repetición de incompetencias médicas y, lo más grave, es que nadie responderá por ellas. Yo escuché ayer al Secretario General de Sanidad, José Martínez Olmos, y me quedé con los ojos (perdón, orejas) a cuadros. El señor éste se empeñaba en defender a los servicios de urgencias médicos que fueron incapaces de detectar un simple caso de gripe A en plena pandemia mundial. Se excusaba básicamente en el avanzado estado de gestación de la paciente, en su asma (Dalilah nunca sufrió de esta dolencia) y en que algunas veces -la gripe A- da síntomas confusos que no se corresponden con los típicos de la enfermedad. Lo cual -pienso yo- debería ser motivo más suficiente para practicar de modo inmediato la prueba de la gripe A a todos aquellos pacientes que mostrasen síntomas confusos o indeterminados.
"Nosotros lo hicimos todo superbien: nos lavamos los dientes con blanqueador, luego fuimos a la tintorería a por nuestros radiantes uniformes y nos pasamos por la peluquería. Al final, tras hacernos la sesión de fotos y firmar autógrafos, atendimos a las pacientes con gripe A (que no había ninguna, por cierto) y nos fuimos a casa a descansar. Fue una jornada tan dura..."
Lo cierto es que Dalilah nos ha abandonado (y veremos qué destino espera a su hijo recién nacido) porque a nadie en los servicios de urgencias de dos hospitales públicos se le ocurrió practicarle un simple frotis para la gripe. La excusa del asma es ridícula porque Dalilah ha practicado atletismo toda su vida y dejó esta práctica hace poco tiempo, tras su matrimonio. Los parientes de la joven fallecida aclaran, en declaraciones a la prensa: "Nuestro médico de cabecera decía: ¡pero si Dalilah no tenía asma!"
Aunque como casi siempre en España, el corporativismo médico (con el amparo político-judicial necesario) nos impedirá llegar hasta el final, encontrar al personal responsable y hacerle pagar por su impericia manifiesta.
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Dalilah, en principio, parece que contrayó la gripe A. Y por eso acudió al hospital Gregorio Marañon. Allí no le diagnosticaron nada, por lo que la enviaron a su casa. Cuatro días después, Dalilah tuvo que visitar el hospital de Fuenlabrada porque su estado de salud volvió a empeorar, pero tras presentar una ligera mejora fue dada de alta sin que nadie -en aquellos momentos- llegara a pensar siquiera en la gripe... Posteriormente volvió a visitar el Gregorio Marañón y se decidió hacerle unas radiografías, detectándole una neumonía. Aquí tienen el relato de los hechos.
Ahora se sabe que lo que acabó con la vida de Dalilah fue la gripe A. Y los centros médicos citados fueron incapaces de detectarla a tiempo. ¿Cómo puede ser posible, que en plena epidemia de gripe, a ninguna lumbrera médica se le ocurriera, ante unos síntomas algo confusos, practicarle un frotis de garganta y nariz a Dalilah?
Sin embargo, las autoridades políticas ya han tomado partido a favor de la actuación médica sin haberla esclarecido siquiera (y además, aderezándola de inexactitudes exculpatorias). Recurren a una serie de excusas (que presentan como prácticamente incuestionables) pero lo cierto es que Dalilah ya no está entre nosotros gracias a una repetición de incompetencias médicas y, lo más grave, es que nadie responderá por ellas. Yo escuché ayer al Secretario General de Sanidad, José Martínez Olmos, y me quedé con los ojos (perdón, orejas) a cuadros. El señor éste se empeñaba en defender a los servicios de urgencias médicos que fueron incapaces de detectar un simple caso de gripe A en plena pandemia mundial. Se excusaba básicamente en el avanzado estado de gestación de la paciente, en su asma (Dalilah nunca sufrió de esta dolencia) y en que algunas veces -la gripe A- da síntomas confusos que no se corresponden con los típicos de la enfermedad. Lo cual -pienso yo- debería ser motivo más suficiente para practicar de modo inmediato la prueba de la gripe A a todos aquellos pacientes que mostrasen síntomas confusos o indeterminados.
"Nosotros lo hicimos todo superbien: nos lavamos los dientes con blanqueador, luego fuimos a la tintorería a por nuestros radiantes uniformes y nos pasamos por la peluquería. Al final, tras hacernos la sesión de fotos y firmar autógrafos, atendimos a las pacientes con gripe A (que no había ninguna, por cierto) y nos fuimos a casa a descansar. Fue una jornada tan dura..."Lo cierto es que Dalilah nos ha abandonado (y veremos qué destino espera a su hijo recién nacido) porque a nadie en los servicios de urgencias de dos hospitales públicos se le ocurrió practicarle un simple frotis para la gripe. La excusa del asma es ridícula porque Dalilah ha practicado atletismo toda su vida y dejó esta práctica hace poco tiempo, tras su matrimonio. Los parientes de la joven fallecida aclaran, en declaraciones a la prensa: "Nuestro médico de cabecera decía: ¡pero si Dalilah no tenía asma!"
Aunque como casi siempre en España, el corporativismo médico (con el amparo político-judicial necesario) nos impedirá llegar hasta el final, encontrar al personal responsable y hacerle pagar por su impericia manifiesta.
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