Capablancka, J.T.
Desde España se tiene una visión de los alemanes que quizás no se corresponda totalmente con la realidad. Tendemos a imaginar que los alemanes son personas muy rectas, profesionales, respetuosas con la ley y nada amigos de las corruptelas. Pero lo cierto es que hay una ministra alemana, Ulla Schmidt, de Sanidad para más señas, que un buen día decidió venirse a España de vacaciones (a Alicante). Lo que ocurre es que la mujer, debió pensar, que con el clase S oficial a su lado, las vacaciones serían mucho mejores aún.
Así es que la señora ministra se desplazó a Alicante en avión, para una vez aquí, dar instrucciones a su chófer con el objeto de que se reuniese con ella a bordo del Mercedes clase S oficial. Son dos mil cuatrocientos kilómetros desde Berlín. Más otros dos mil cuatrocientos de vuelta, claro. Aunque lo cierto es que la ministra nunca esperaría el fatal desenlace: unos vulgares cacos, muy amigos de lo ajeno, robaron las llaves al chófer a su llegada a destino.

"Sí, unas vacaciones a su lomo pueden ser unas vacaciones bastante diferentes. Pero no es ético que durante sus tiempos de estío, los cargos públicos continúen disfrutando de las prebendas oficiales..."La excusa elegida, tras ser descubierta, parece ser que es la que sigue: la ministra necesitó del coche oficial porque tuvo que reunirse con unos pensionistas alemanes que se encontraban veraneando en el lugar.
Como excusa, las he visto de mejores (la verdad). Creía que los alemanes serían capaces de echarle mayor dosis de imaginación. Cualquier alcalde de tercera español, o incluso concejal (o tesorero), habría tenido media docena de coartadas mucho más creíbles. Fijo que sí.
"Bueno, lo del Mercedes fue un error del chófer: le dije que fuese a esperarme a Alknteff (Düsseldorff), que es donde vive mi abuela materna, pero el hombre no anda muy fino de oído ¿saben?...":_(((
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