Capablancka, J.T.
En España no hay justicia, sólo, una serie de señores que se dedican a ejercer su arbitrariedad aprovechando las imperfecciones y defectos del sistema. Y la imperfección más grande, la constituímos nosotros: los administrados ciudadanos o justiciables.
Ellos saben que, con un pueblo tan inane, iletrado, egoísta y cobarde como el español, nunca tendrán problemas: el pueblo aceptará y acatará cualquier resolución judicial porque los que las emiten llevan puñetas. Es decir, que sólo aciertan cuando -además de actuar sin mala fe- se equivocan. Y puede que ni aún en estos casos...
El caso que hoy nos ocupa es el de César Alierta, un zángano amigo de lo ajeno que ha ido calentando sillones presidenciales sin más mérito que no decir nada. Porque este señor, mejor que no diga nada: no se le entiende en absoluto. Antes de que José María Aznar lo pusiese al frente de Telefónica tras la espantada de Villalonga (coge el dinero y corre) y cobrando no se sabe los millones (su antecesor en el cargo entró cobrando 45 millones/pesetas al año, y a los cuatro salió con más de catorce mil en el bolsillo), Alierta presidía Tabacalera (también por designio político). Y a esa época pertenece la acción que ocupa este artículo. La noticia la tienen ustedes aquí.
Resulta que Alierta compró, a través de una sociedad interpuesta en la que puso al frente a su sobrino, acciones de Tabacalera usando información privilegiada y con la intención de venderlas poco después, ya que conocía -por razón de su cargo- de algunas operaciones que harían subir enérgicamente el precio de las mismas. Pero alguien se percató de lo sucedido y presentó una querella contra ambos. El juez encargado de darle trámite se ve que recibió instrucciones de mantenerla en el cajón hasta que cumpliesen los cinco años, tiempo a partir del cual estos delitos prescriben.
Y así ha sido. Ahora, la Audiencia Provincial de Madrid lo absuelve a pesar de que los magistrados que firman la sentencia creen que el delito de información privilegiada se cometió, pero que ya ha prescrito debido al tiempo transcurrido entre la comisión de los hechos y el inicio real y efectivo de actuaciones por parte de la justicia. Y el inicio real y efectivo de actuaciones se produce, no cuando uno presenta una denuncia sino cuando el juez decide ponerse manos a la obra, sin importar el tiempo que la denuncia (o querella) lleve ya presentada y durmiendo en el fondo de su cajón.
Es una doctrina un tanto sorprendente ya que al final todo depende de las ganas que tenga un juez (hablando claro) de ponerse las pilas. Imaginemos que yo soy juez y ustedes, mis "amiguetes". Y resulta que otro que no es tan amigo mío presenta una querella en la que se demuestra que han cometido 5 asesinatos de dirigentes sindicalistas, 3 violaciones de ministras, un magnicidio en la figura de ZP, y torturas y vejaciones corporales varias al resto de plantel ministerial. Bien, pues yo, como soy el juez y ustedes mis amigos (¿recuerdan?), entonces decido que la querella vaya al fondo del cajón de querellas pendientes y que cada semana sea puesta nuevamente en tal posición. A los cinco años y un día (o el tiempo necesario para prescribir estos delitos más un día) decido iniciar el trámite. Ustedes serán absueltos (a pesar de que su culpabilidad es manifiesta) por prescripción del delito, claro. De mí, siquiera hablará nadie... Es más, llegado el momento, los políticos correspondientes ya me lo agradecerán con un puesto en un tribunal de los de postín (Supremo, Constitucional, CGPJ...).
Pues esto es lo que ha ocurrido con César Alierta. Pero no se extrañen, porque esta delictiva actuación en cadena no tiene consecuencias penales en nuestro país gracias a unos señores muy especiales: los Albertos. Porque no olvidemos que la doctrina del Supremo se cambió (por el TC) sólo con esta intención: librar a los poderosos (amigos del Poder) de que la Justicia les dispense el mismo trato que al resto de justiciables.

"Sí, a nosotros también nos sentaron en el banquillo... incluso llegaron a condenarnos. Aunque de poco les sirvió (je, je)"
Los Albertos estafaron unos cuantos miles de millones de pesetas a sus socios en el caso Urbanor (solares de las Torres KIO), y siquiera tuvieron que devolver lo estafado... Por supuesto, el señor Alierta tampoco tendrá que devolver un sólo euro en este apestoso asunto.
:_(((
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