Capablancka, J.T.
ZP, ese monigote institucional que preside nuestro país, no contento con las constantes meteduras de pata y ridículos en que incurre (casi con habitualidad diaria) en nuestra tierra, ha decidido continuar con su esperpéntico papel en las Américas, concretamente en Honduras. País centroamericano recientemente famoso por el jaleo presidencial que protagonizó hace unas semanas.
Honduras, por si no lo recuerdan, tenía un presidente cuyo afán por salirse de la ley era constante. Su último objetivo: el de cambiar la constitución hondureña para perpetuarse en el poder (siguiendo el ejemplo de sus vecinos Chávez, Morales y cía). Sin embargo, la constitución de Honduras es inflexible en ese punto y no permite más que una legislatura en el poder a sus presidentes, con advertencia expresa de la imposibilidad de modificar tal prohibición. Pero Zelaya obvio este mandato y procedió a celebrar su referéndum particular, con objeto de modificar la legislación y prolongar así su presidencia.
Y aquí fue donde las instituciones hondureñas tomaron partido y decidieron que Zelaya debía ser cesado de su cargo por constituir un serio peligro para la legalidad en el país. Y así, Zelaya, tras ser advertido en varias ocasiones fue finalmente apartado de la presidencia por los militares y expulsado del país (siguiendo órdenes de lo que aquí sería el Tribunal Supremo, con refrendo del Congreso). Y éste -quizás- fue el único error: Zelaya debería haber sido puesto entre rejas en la propia Honduras con objeto de ser juzgado por los tribunales de justicia hondureños.
De esta manera, Zelaya, libre desde el exterior (y auxiliado por los sátrapas dictadores de la zona) pudo regresar a su país y meterse (cual rata cobarde y asquerosa) en la embajada de Brasil (donde aún continúa) esperando catalizar una revuelta popular que lo lleve de nuevo al poder.
Sin embargo, este hecho no rompió la normalidad democrática hondureña y el pasado sábado se celebraron las elecciones generales, a las cuales no concurrió ninguno de los protagonistas directos de la anterior contienda presidencial: ni Zelaya, ni Micheletti. Y así, las elecciones fueron ganadas por el Partido Nacional de Porfirio Lobo. El cual ha afirmado a los medios su intención de formar un gobierno de unidad nacional que permita la reconciliación de todos los frentes implicados en el contencioso anterior.
Pero reconciliarse con la izquierda es complicado. Aquí en España es tarea imposible setenta años después de nuestra guerra civil. La izquierda es rencorosa por naturaleza (quizás porque vive instalada en la mentira y en el engaño) y en Latinoamérica, esto no tiene por qué ser diferente. Zelaya no acepta el resultado electoral y pide que se le restituya en su puesto de presidente, lo cual acredita su falta de lucidez y contacto con la realidad. No me extraña, tantos días enjaulado en la embajada brasileira...
En principio, los hondureños, siempre han tenido claro cuál era su camino. A pesar de las injerencias de la comunidad internacional, a Honduras no le ha temblado el pulso a la hora de decidir sus pasos. Aunque ahora, al menos, cuenta con el apoyo de los EE.UU. (que han sabido rectificar su error inicial de ofrecer cobertura política al traidor de Zelaya). Zelaya está a los pies de los caballos, sólo apoyado por los dictadores bananeros sudamericanos y por nuestro inefable ZP (y su bufón particular, Moratinos).
El papel español, en consonancia con su más reciente historia: "España ni reconoce (ni ignora) las elecciones..." (pero apoya al dictador depuesto).
"Hmm... Estos hondureños tienen más querencia por la democracia que nostoros. Convencerles de que Zelaya es la opción más interesante para su futuro, será más difícil de lo que pensábamos..."Está claro ¿no? Ese es nuestro ZP, y éste, su Moratinos. Ellos representan la imagen de nuestra nación en el exterior y, como de costumbre, siguen empeñados en sepultarla en el fango más putrefacto y maloliente. Es su pasatiempo favorito: hacer el ridículo más espantoso allá por donde van y dejar claro que la democracia y la legalidad sólo les obligan cuando coinciden con sus deseos e intereses. A saber: la izquierda debe ocupar el poder (en todo caso y en todo momento) y la derecha, como máximo, la oposición más silenciosa y aislada posible.
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2 comentarios:
Al principio de empezar el conflicto no entendí muy bien que pasaba en Honduras… Pero escuché a Moratinos por la radio –al principio de la crisis-, y fui consciente de que ya estábamos haciendo otra vez el ridículo internacional. ¿Qué podemos esperar de los amigos de todos los Chávez, Morales, Castros y Mohamed del mundo?
Por lo visto, la política exterior de nuestro Gran Timonel consiste en hacer el ridículo por todo el mundo para avergonzarnos ante todo el mundo cada vez que surge una ocasión…
Por desgracia, así es. De ridículo en ridículo, y ellos... aún sacando pecho.
Deplorable.
:_(((
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