(Versión reeditada: incluye fotos)
Capablancka, J.T.
Antes que nada me gustaría agradecerles sus visitas al blog. Aunque ya no puedo subirles tantos artículos como antes, mis obligaciones no me lo permiten, intentaré por lo menos una vez a la semana contarles algo. Estoy pensando en reorientar el contenido del blog: sí, dirigir sus críticas hacia la clase intelectual y no la política. Porque al final, la degeneración de ésta última está íntimamente relacionada con la decadencia de la primera (si no es su directa consecuencia). Dicho esto, paso a relatarles el artículo de hoy, con motivo del décimo aniversario celebrado esta pasada semana (el día ocho de marzo) por LibertadDigital.
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Hubo una vez en Teruel (o no muy lejos de allí) un ser muy pequeñito, de ahí su nombre acabado en "ico". De lo contrario, y obviamente, le habrían puesto Federazo (claro). Tan pequeño era que sus padres, durante los primeros meses, dudaban entre si habían tenido un hijo o en realidad era un champiñón transgénico disfrazado (de bebé). Así que su progenitor A, un buen día (y para despejar posibles incógnitas), le arreó un hostión de los buenos y en cuanto oyó los bramidos de la criaturita, espetó a su progenitora B:
—"No hay duda, es uno de los nuestros y no ningún setáceo-champiñiforme. Ahora ya puedes dormir tranquila: las vecinas nunca más volverán a burlarse de tí cuando acudas con él a misa..."
Y lástima que no hubiese sido un champiñón auténtico, porque los internautas seguro que seríamos a estas horas mucho más libres.
Porque el champiñón turolense (de pega), tan blanquecino él (e inmaculado en su juventud) cuando creció se convirtió en seta. Y de las rojas, rojas. Tan roja era que incluso carecía de los lunares blancos característicos... Y le dio por una cosa muy rara: no paraba de proclamarse el más liberal al tiempo que lo que más le gustaba era cercenar las libertades de los demás. Y me explico: cuando el champiñón heredó el programa de Antonio Herrero, luego de Luis (La Manana, en la COPE), lo primero que hizo fue liquidar las opiniones de los oyentes. Sí, intentó maquillar la acción haciendo pasar unas cuantas llamadas seleccionadas y filtradas del contestador para aparentar que en su espacio también contaban las opiniones de la audiencia, pero era todo un decorado de cartón-piedra: llamadas siempre seleccionadas por las maripilis de las que tanto gusta rodearse, por supuesto, siempre "a favor de obra".
Hasta que un día invitó al alcalde de Madrid, e intentó hacerle la misma jugarreta: pasarle llamadas filtradas, pero en esta ocasión en contra de obra. El alcalde le pilló la treta y salió pitando de allí para no volver nunca más. No seré yo quien defienda a Gallardón, pero le sentó tan mal la acción de Federico que posteriormente lo llevó a los tribunales y consiguió que lo condenaran a pagar una millonada: creo que 36.000 euros... Aunque no es su récord: con Zarzalejos lo condenaron a bastantes más. Y claro, al final, los de la Cope, quizás cansados de pagar tanta multa a su estrella matutina, le dieron avío a él y a todo su equipo. Supongo que lo acabarán, antes o después, sustituyendo por Girauta: la baja más importante de la troupe federiquina tras todos estos cambios de micros y despachos.
La Cope hizo un tremendo error (de primer curso de aprendiz a becario): consintieron graciosamente (gratis total, claro) que Federico usara las ondas de la cadena para publicitar su nuevo periódico on-line, LD (CensuraDigital para los amigos). Sin toda esa cantidad ingente de publicidad, día tras día y semana tras semana, LD nunca habría llegado a tanto tan pronto. Por supuesto, cuando Federico abandonó la COPE, implementar una radio en el grupo de comunicación que había creado a la sombra protectora de la cadena episcopal no le fue tarea demasiado difícil: en poco más de dos meses la tuvieron lista.
Pero es.Radio ha perdido bastante en relación a la COPE (cuando estaban todos allí). La calidad de las tertulias es la que más se ha resentido: con tanto becario (y aria) no podía esperarse otro resultado. Y los programas de relleno, insufribles. Además, Federico, desde hace algunos años ya no es el que era: ahora va de estrella mediática por la vida y es, en realidad, un apasionado de la prensa rosa, la del corazón, hasta el punto de ser la especialidad que más domina, instaurando además una férrea censura que para sí quisieran algunas de las dictaduras más rojelias. Todos los medios de su grupo tienen una característica en común: los usuarios nunca pueden opinar libremente si no es bajo la censora mirada de los perros de presa adiestrados por la dirección.
Si usted decide convertirse en usuario de LD, la primera impresión que tendrá es que el equipo director de LD es tan magnánimo que ha decidido ser especialmente compasivo con usted y, además de perdonarle la vida, le concede el privilegio de poder opinar en sus páginas. Eso sí, previo pago del SMS correspondiente (claro). Para Federico la pela siempre ha sido la pela y no creo que ahora, casi a la vejez, nos vaya a cambiar de principios. A continuación, uno puede llevarse alguna que otra sorpresa: el nick elegido sufre las primeras consecuencias de la censura. "NaranjasCapablancka" fue capado a "Naranjas" sin mediar explicación ni solicitud alguna (ni incluso después de pedirles explicaciones). Es decir, ellos pueden ser LibertadDigital pero tú no puedes ser NaranjasCapablancka. Está claro ¿no? Para ellos tus derechos consisten básicamente en visitarles la web (y aumentarles las estadísticas).
Sin embargo lo grave no es eso, sino que cuando uno envía su comentario éste no aparece por ningún lado: hay que esperar a que el equipo de becarios (y arias) aplique las draconianas instrucciones censoras recibidas del equipo director y una vez han procedido a la extirpación de todos aquellos flecos no concordantes con la opinión consignada en la secta, son publicados. Sinceramente les digo que he opinado muy poco en LD, quizás unos veinte comentarios, pero han sido más que suficientes: me censuraban más de la mitad, a pesar de no contener insultos directos (es decir, censuraban mi opinión). Pero lo curioso es que uno nunca estaba seguro de si su mensaje había sido censurado ni porqué razón: porque a uno nunca le comunican nada en ese medio. Envían tu comentario a la papelera de reciclaje cuando lo consideran oportuno y listo.
Así es como se comporta (u ordena que lo haga a los que están bajo su mando) el ser que más ha reclamado por la libertad de expresión en este país. El que siempre se ha exhibido como el último demócrata al otro lado del Moncayo y resulta que su medio es más rígido que EL País y la SER juntos a la hora de laminar los derechos de expresión de su audiencia.
Y todo esto es ilegal, señores (no les quepa ninguna duda). Las prácticas censoras no son propias de un estado democrático, Federico (te hacía más puesto en estos extremos, la verdad). No sé para qué coño te han servido tanto CAC y tanta persecución política si ahora eres tú mismo quien la aplicas sobre tus lectores y oyentes, y con cien veces más fuerza. Porque hasta la fecha, y que yo recuerde, nadie ha censurado a Federico una sola coma en más de treinta años de profesión. Y si hay alguna duda, lo dejamos en veinticinco y "problem solved".
El equipo de dirección de un periódico no está legitimado para actuar de censor (salvo casos quizás de flagrante violación de la legalidad: insultos, amenazas directas...). Pero en el resto de supuestos, el periódico no es quién para censurar ninguna opinión de sus lectores ni mucho menos bannear a los usuarios. Si el periódico permite opinar, debe permitir opinar libremente. Y si desde su punto de vista, alguna opinión incumple la legalidad, debería comunicárselo al autor advirtiéndole de que si no la modifica dará parte a la autoridad judicial competente. Pero lo que no podemos tolerar es que alguien que se ha pasado su vida entera reclamando libertad de expresión para él mismo (y sus amigotes), en cuanto la consigue, la use para laminar la de todos los demás que no coincidan con la suya propia.
Yo fui expulsado de LD (hace unas dos semanas) por llamarles HIJOS DE LA GRAN PUTA. El mensaje fue censurado, aunque en él les daba mi aprobación. Y les digo las razones que me hicieron llegar a ese extremo:
Resulta que Federico tiene a uno de sus pimpollos enchufado en la empresa (cómo no). Y no tolera, por lo visto, que se metan con él. Yo siquiera sabía que era su hijo, no ha heredado sus peculiares rasgos de anfibio abortado (habrá salido a la madre, supongo); aunque quizás sí su mínima estatura (pero esa característica no se aprecia contemplando la foto de su retrato). Pues como les decía, me metí con el retoño de Federico a causa de un patético artículo suyo publicado con motivo de la muerte de J.D. Salinger (autor, entre otros libros, de "El guardián entre el centeno"). En él, el hijo de Federico intenta rendirle un sentido homenaje a pesar de no recordar nada de su obra (ni incluso del título referenciado, y eso que confiesa haberlo leído en su adolescencia). Y todo para, al final del coñazo de artículo, meternos con calzador la idea de que para homenajear a Salinger quizás lo mejor sea olvidar toda su obra, porque si él decidió retirarse voluntariamente de la vida social ¿por qué no hacer lo mismo con todo su legado? O algo parecido: el razonamiento es tan peregrino que los pequeños detalles no lo van a empeorar un ápice...
Se me ocurrió enviar un comentario, más que nada por el tiempo que me había hecho perder al leerlo, en el que comunicaba al autor que si en algunas ocasiones no tenía nada sobre lo que escribir podría no escribir sobre nada. Es una opción tan legítima como el hacerlo (y más aún siendo el hijo del jefe). Lo del hijo del jefe aún no lo sabía, por lo que no lo puse, pero ni aún así mi mensaje pasó la escrupulosa prueba de los censores liberales. Luego, cuando me enteré de quién era el joven articulista desmemoriado, le envié un mensaje de disculpas pero que los censores a las órdenes de su padre decidieron igualmente censurar.
Así es que los mandé directamente a tomar por culo que es donde mejor estarán toda esa panda de sectarios fanáticos conservadores radicales. Porque de liberales, ésos, tienen menos que mi perro: cuya voluntad es siempre la que se impone cuando no es discordante con la mía. Me alegro de haberlos abandonado.
Y ahora me gustaría ilustrarles la secuencia de los hechos de mi expulsión de LD. Deberían ocurrir, supongo, una cosa tal que así:
"Becario censor detecta mi mensaje y, pensativo, empieza a considerar la posibilidad de censurarlo (tiene órdenes tajantes al respecto del mismísmo FJL)..."
"El becario de antes se reúne con becarios de temporadas anteriores, ya contratados por la empresa como trabajadores eventuales fijos discontinuos (e indirectos), los cuales se supone están más capacitados para decidir sobre la idoneidad de censurar mi comentario y aprobar mi expulsión"
"Malas noticias: los censores de la reunión anterior deciden censurar mi mensaje por unanimidad, pero como no encuentran la tecla "Supr" en el teclado apuestan por pedir ayuda telefónica..."
"Dos acreditadas informáticas de LD, tras ser avisadas telefónicamente, intentan borrar -sin conseguirlo- mi comentario"
"Esta no sé quién es pero está muy buena para currar en LD (pobre chica). El equipo de censores (ursulinos) seguro que carga pronto sobre la parte superior de su botonadura delantera..."
"Como último recurso LD decide recurrir a los informáticos de la COPE (mucho más avezados en estas tareas) para ver si ellos consiguen borrar mi comentario del artículo del hijo de Frederics..."
"Incluso consultan un manual secreto y a Luis del Pino (por aquello de que su especialidad es la destrucción de pruebas) con el fin de aniquilar mi comentario para siempre"
"Finalmente, la señora de la limpieza de LD, avisando a su novio de la sorpresa que tuvo cuando vio que por fin la empresa había conseguido completar exitosamente las tareas de borrado de mi comentario y no sería ella quien realizase -otra vez más y como de costumbre- el trabajo sucio"Y colorín, colorado (tanto al menos como el color de la cara que les habrá quedado a algunos) este cuento tan censor por suerte -para mí- se ha acabado.
:_))
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4 comentarios:
El resentimiento no te disculpa.!publicalo!
Sí, claro. Te tratan como poco menos que a una alfombrilla en un día de lluvia y luego resulta que el problema es que eres un resentido...
En cambio, los libertarios liberados son tan liberales, tan refinados y tan inteligentes ellos... que no necesitan más opiniones que las suyas y las de la troupe de aduladores (como tú).
Federico intenta compensar su complejo de inferioridad física con el de superioridad intelectual. Lo cual me parece muy bien siempre que no sea a costa de censurar mis opiniones (que son tan o más legítimas que las suyas).
Sigue:
Aunque, en realidad, tu comentario es el típico de los gilipollas integrales (de tu estirpe).
Para que me entiendas: lo usan también los mari-progres para con las víctimas del terrorismo. ¿Ok? Es decir, cualquiera que tenga motivos para estar enfadado es un resentido y automáticamente sus quejas pierden toda legitimidad. Pero eso siempre se aplica en las quejas que no interesan. Porque Federico se pasa el día quejándose ante su audiencia y seguro que él no está para nada resentido ¿eh?. No, que va. Le pegaron un tiro seguramente porque se lo merecía...
Pobre idiota.
Y luego vienen como anónimos, aquí, dando lecciones.
Lecciones magistrales que dejan bien claras las diferencias entre los liberales de boquilla (tipo FJL) y yo: el comentario que da pie a esta autodiscusión en LD nunca hubiera sido publicado.
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