Capablancka, J.T.
Ya, ya sé que la situación política nacional está muy comprometida, pero no he podido resistirme a comentarles un hecho acontecido hace unos días. He estado esperando desde entonces, porque quería asegurarme de la respuesta de la Administración del Estado a la hora de castigar a sus protagonistas. El principal lo es el dirigente extremeño Guillermo Fernández Vara (a la sazón presidente de la Junta de Extremadura, aunque luego se le une Carod Rovira) y los co-protagonistas: los chóferes y escoltas de los mencionados, la Guardia Civil (los que detuvieron al primero y también los cargos que ordenaron dejarlo marchar), la Delegada del Gobierno de Extremadura que mentirosamente lo encubrió y algún otro que seguro se nos acaba despistando.
Fernández Vara volvía de Madrid rumbo a Mérida y tras asistir a una sesión plenaria del Senado, cuando un coche camuflado de la Guardia Civil lo detectó circulando a más de 170 Km/h por una vía cuya velocidad máxima está limitada a 120. Hasta aquí, todo normal. Sin embargo, tras alegar el conductor del coche detenido que su ocupante era el presidente de Extremadura, los agentes decidieron dejarlos marchar tras realizar unas consultas telefónicas.
A quién llamaron y qué órdenes recibieron en contestación, es algo que quizás nunca sabremos. Pero a los resultados me remito. El coche de Vara salió ileso de su encuentro con la Benemérita: ni fue multado ni a su conductor se le retiró punto alguno del carnet.

Y aquí hay un agravante: estos selectos chóferes normalmente son también policías. Policías que se saltan la ley a su conveniencia (o a la de sus superiores) y que al hacerlo ponen en peligro las vidas del resto de conductores y las de los caraduras a los que transportan. Por lo que su sanción debiera ser mucho mayor.
Pero en la España actual, la ley no pasa de ser un adorno floral que sólo actúa sobre su ciudadanía. Las autoridades y cargos públicos de cierta relevancia, usualmente escapan al alcance de la misma. En el caso que nos ocupa deberían haber caído, en primer lugar: Vara, después: los chóferes (el del coche oficial y el de su escolta), siguiendo con los guardias civiles que -inclumpiendo con su cometido- los dejan marchar sin sanción, los superiores del ministerio de Interior que dan órdenes de la ilegalidad y la Delegada del Gobierno extremeña que, intentando salvar a su compañero camarada, miente con toda su cara a la prensa argumentando que "no se detuvo al coche del presidente sino en el que viajaban sus escoltas, donde iban los policías, por lo que si hay sanción será para el conductor de dicho vehículo, un policía, y no el de Fernández Vara". Se creerá esta señora que somos idiotas y no sabemos que el coche escolta siempre va junto al escoltado y a su misma velocidad. ¿O alguien imagina a un escolta a 170 Km/h mientras que el coche de la autoridad escoltada circula kilómetros y kilómetros por detrás de él y sin sobrepasar los 120? Sin embargo, todos ellos siguen de pie. Sólo falta que los condecoren por haber aguantado tan estoicamente pegados a su fuente de sustento: sus cargos, sueldos y prebendas. Lo de cumplir o no con la legalidad, es pura anécdota.
"Majestad, le juro por mis muelas que el fabricante nos dijo que el coche tenía una velocidad máxima auto-limitada a 250 Km/h. Sólo estábamos comprobando que no nos había mentido..."
"Majestad, le juro por mis muelas que el fabricante nos dijo que el coche tenía una velocidad máxima auto-limitada a 250 Km/h. Sólo estábamos comprobando que no nos había mentido..."El propio Fernández Vara tuvo que desmentir a la Delegada poco después. Resultaba evidente que la mentira era excesiva y hubiese sido mucho peor empeñarse en mantenerla. Aunque la rectificación de Pereira (la Delegada) volvió a introducirla de cabeza en el fango: Pereira indicó que "se ha abierto un expediente sancionador al conductor, que es un policía, como a cualquier otra persona que hubiera cometido un exceso de velocidad, o sea que no ha habido un tratamiento desigual", aunque a renglón seguido quiso dejar claro que la multa tiene todas las papeletas para quedar en papel mojado al aseverar que "el artículo 167 del Reglamento General de Circulación, en su artículo 25 de la Ley (sic) especifica que por razones de seguridad los escoltas pueden ir a una mayor velocidad".
Por si fuese poco, esta misma Delegada del Gobierno, unos pocos días después del penoso incidente descrito arriba nos obsequió con otro casi peor: al ir a su domicilio se encuentra con que había olvidado las llaves y no tiene mejor ocurrencia esta señora que enviar a una pareja de la Guardia Civil a buscar a su asistenta para que les entregue una copia. La Guardia, ejerciendo de simple recadera de la Delegada. ¿Acaso las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado desconocen cuáles son sus funciones? Pues para multar a la ciudadanía, parecen tenerlo todo bastante claro...
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Y para aquellos que aún consideren que estos son casos aislados, quizás sólo tres o cuatro días después, Carod Rovira, vicepresidente del gobierno catalán, es pillado in fraganti a 175 Km/h. en condiciones similares a las del presidente extremeño. Sólo que en esta ocasión, el conductor, es un mozo de escuadra.
Es decir, que estos señores tan millonarios y exquisitos (gracias a nuestro sudor, claro, no crean que a sus méritos y valía) se dedican a aprobar draconianas leyes para el común de la ciudadanía al tiempo que consideran que sus importantísimas personas quedan al margen de las mismas. Porque aún en el caso de ser pillados en su incumplimiento, saben que: o bien eludirán directamente las multas, o en caso de convertirse ésta en tarea imposible (por ser descubiertos por los medios de comunicación, por ejemplo) al final siempre recaerán sobre terceros (los chóferes policiales). A los cuales, y tras acreditar ante los medios la sanción, les serán retiradas posteriormente al aceptárseles cualquier recurso que presenten o bien serán satisfechas con cargo al erario público (de alguna forma les compensarán). Porque resulta más que evidente que ningún policía cumpliendo órdenes de estos aprovechados va a acabar recibiendo algo distinto a una gratificación.
Mientras tanto, ustedes sigan pensando en si votarán PSOE o PP... que este tipo de abusos casi seguro que se solucionan por ellos mismos.
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